Cosas que pasan II
Acabo de hacerme consciente de algo. En realidad de varias cosas. Y quizás todas ellas importantes. O al menos, con la misma escasa importancia de esas cosas que sólo significan algo transcendental para una persona.
Me he dado cuenta de que este blog es mi hipertextual lata de galletas. Y como en toda lata de galletas que se precie, hay entradas de cine, de conciertos, de obras de teatro, servilletas garabateadas y olvidadas en el fondo de algún bolsillo, alguna que otra foto de algún que otro momento importante... y cada cosa tan distinta a la anterior como de distinto tienen una sartén y un colador (¿por qué una sartén y un colador? No sé, debo estar pensando en qué voy a hacer de comer). ¿Y qué tiene eso de impotante? Lo de la lata de galletas y tal. Pues básicamente (me entanca esa palabra) que el único estilo definido es el de escribir de repente tal y como se me viene a la mente. Será que últimamente leo demasiado acerca de estilos y de objetivos y a veces me pregunto cuáles son los míos... No sé para qué, la verdad, algún día aprenderé que no es importante para mí. Quizás ese día sea hoy y por eso lo de las sartenes y coladores.
Pero lo más importante de todo es que me he hecho consciente de otra cosa. Desde hace meses no transcribo a mi ordenador lo que escribo en cuadernos, libretas o papel vario. Cuando me pongo a mirar lo que tengo entre mis archivos tiendo a pensar que hace mucho que no escribo nada. Incluso cuando cojo un cuaderno lo pienso, porque en ese cuaderno tan sólo tengo tres o cuatro poemitas o algunas frases de las que partir para escribir algo. El otro día me dio por revisar, de forma compulsiva, las libretas, todas las de tamaño cuartilla, y buscar una hoja suelta que no encontré (ya sabía que la había perdido, pero me resisto a creerlo... eso o está en un cuaderno de los grandes). El caso es que tengo más cosas de las que pienso, pero como últimamente sólo escribo en el ordenador... o al menos eso parece, pues me rayo. Pero lo realmente importante de este hecho es que me he dado cuenta de algo. Me he dado cuenta, o me he hecho consciente, no sé, de que tengo bastantes cosas escritas, muchas por desarrollar y algunas que creo que son buenas. Y que tengo ganas de escribir, muchas. Incluso más que de terminar o empezar o seguir, no sé en qué punto está, el montaje de nuestras vacaciones o el corto de la cabina (no se llama así, pero es bastante descriptivo, por eso de que pasa en una cabina).
Tengo unas ganas tremendas de escribir, lo que sea, quiero coger a un personaje o a dos o a tres... y que se muevan. Quiero que me pase lo mismo que con la trama de los Serrano, quiero que esos personajes tengan vida más allá de mí, que yo quiera que digan algo y ellos no me lo permitan... necesito un reto. Y lo tengo. Y se acabó, voy a coger a la baguette con ambas manos y voy a ir desmigándola poco a poco. Y como en cualquier acto de creación, voy a ser tremendamente sádica (de sadismo , segunda acepción), porque voy a disfrutar con cada detalle desentrañado.
Y no he conseguido explicar el sentimiento, pero creo que es imposible describir la sensación momentánea de que todo encaja y tiene algún tipo de explicación. Me pasa a veces. Es como ver la luz, pero sin luz.
