Reconciliaciones
Y pensar que todo esto comenzó con mi afición a los relatos de Carver y esa manía de enfadarme con la tienda cuando no tienen el libro que busco y necesito saciar el vacío que acaban de infligirle a mi tarde ociosa... Ja, y las poesías completas que estaban escondidas y yo tenía que encontrar a la joven dependienta que revolvía el almacén si era necesario para que no me fuese sin ellas, porque realmente me hacían falta...
He tardado dos meses en leer un libro de 120 páginas. No porque fuese demasiado denso, sino porque sólo podía disfrutarlo cuando me acostaba, acurrucada en mi almohada. Y, como siempre que empiezo a leer a las tres de la mañana, no duraba más de cinco páginas y siempre olvidaba en qué punto del párrafo había empezado a mezclar la historia con mis sueños. Lo bueno del sistema es que pasas varias veces por una frase y te sorprende pero de esa forma en que te sorprenden los viejos amigos que siempre se golpean contra el mismo muro [como tú misma te golpeas siempre contra el mismo muro], como si ya conocieras un poco cómo irán pasando los días, pero siempre de una forma diferente, recordando de la vez anterior pero sin tener muy claro qué era lo que recordabas... Y llegas al final del libro y sonríes porque hay tantas siluetas conocidas detrás de esos subterráneos...
Siempre me ha hecho gracia descubrir gestos de amigos y conocidos en los libros. Es como si esas personas ya hubieran existido de alguna forma. También es curioso cuando, no es que te veas reflejada en las palabras de otra, sino que en algunos momentos esas palabras, casi en el mismo orden, fueron tuyas, tan tuyas que tu madre lee un poema, te mira con seriedad y dice "si me das esto escrito en un folio con la pluma, no dudo ni por un momento que lo has escrito tú". Y sonríes porque recuerdas algunos folios escritos con tu pluma que decían cosas tan, pero asombrosamente tan parecidas... esos folios que tiraste o quemaste porque eran sentimientos que no querías que salieran de ti, que te asustaban por su fuerza... Y es una lástima, porque por aquel entonces apenas había oído hablar de Alejandra [habrá quien se lleve las manos a la cabeza y grite "cuánta pretenciosidad!"... pues quizás sí, pero no me importa demasiado], hubiera sido divertido leerlos ahora, cuando la paladeo despacio e intento reconciliarme con mi yo desterrada.
