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La Coctelera

Silencio Garabateado

notas desde el subconsciente

Categoría: Literatura barata

10 Marzo 2009

Los detectives salvajes

He empezado a escribir este post unas ocho veces, pero ninguna de ellas me gusta como inicio a lo que me hizo sentir el libro. Porque no es sólo la atracción de despiertan los antihéroes y, en concreto, los antihéroes de este relato, tan parecidos a alguien que conozco. No es la historia, que quizás sea lo que menos me importe de todo. Es el cómo. Es empezar como cualquier otra novela y cambiar el ritmo. Es que cada personaje cuente la parte de la historia que conoce y entre todos construír algo parecido a la historia global de los protagonistas. Es no saber exactamente qué tiene que ver lo que Fulanito cuenta un 16 de marzo en el Café de X ciudad con nada de lo que se ha dicho hasta ahora. Es que cada uno cuente las cosas a su manera. Es el tener que seguir las pistas que van dejando en cada relato para llegar a algo más grande. Es ser un detective hambriento de vidas.

Y, sobre todas las cosas (al menos para mí), es la historia de alguien que es capaz de cruzarse el mundo para decir "te amo" o que empieza de cero cada vez que lo necesita. Y eso siempre inyecta algo de valor y te lleva a decirte "venga, tira p'alante, ¿por qué no vas a hacer lo que quieres y te hace feliz?". Y que queréis que os diga, que un libro consiga eso, tiene mucho mérito.

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11 Junio 2008

Cuando las cosas dejaron de tener sentido o cómo revivir fragmentos de vida

Me encantaría poder decir que yo estuve ahí. Pero no sería del todo cierto. Es cierto que parte de la historia la conocía, había sido observadora en algunos momentos y confidente en casi todos los demás. Pero no estuve allí.
Por eso es curioso releer (sí, releer, es lo que tienen los blooks) esos momentos unos años depués.
Del libro... bueno, no se puede hablar del libro sin hablar del autor. Y del autor, he leído más que hablado, así que se supone que podría decir más cosas de él como escritor que como persona. Aunque como lo que leo suelen ser resúmenes de su vida, pues... De todas formas sólo puedo decir dos cosas: la primera, que me encanta como dialoga. Es la segunda persona a la que le daría un diálogo para que lo escribiese, puliese o lo que sea que acabe en -ese (lo siento, Hache ocupa el primer lugar, supongo que lo entenderás). La segunda cosa es que cuando lees algo, quieres seguir leyendo. Quizás hay momentos en los que se le ve el plumero, y con plumero quiero decir técnica. No tiene porqué ser un defecto, hay autores que se han hecho grandes escribiendo pura técnica literaria. Pero no es el caso de Guille, al menos a mí no me lo parece. Es más usar la técnica para esconderla. No sé si me explico. Las cosas que más me han gustado son las que más apariencia de espontaneidad tienen. O las más espontáneas, no lo sé (recordemos que es un blook). La cosa es que leer lo que escribe es como si estuvieras hablando con alguien. El diálogo sin diálogo, el adiálogo. Jeje. Desvarío. Pero es cierto. Quizás no te interese nada en absoluto qué hicieron la noche del 13 de Octubre de 2005 Hache y el Ángel, y aún así lo lees porque no se trata de su vida, sino de la de personajes atrapados en papel, podrías leer igual sobre el terrorismo multidisciplinar de las piscinas, lo que te interesa es que te sigan contando cosas. Hambre de historias, podría decirse. Y el que tenga hambre de historias... jijiji... no puede perderse este libro. Vale, no era eso lo que quería decir, pero es que la tentación era muy fuerte. Ahora se me ha olvidado y sólo me salen cosas del tipo "este libro es fantástico", "el libro que todos estaban esperando" (siempre me gustó esa frase... aplicada a absolutamente todo lo publicitado por tv).

[Ahora debo hacer un inciso, porque cuando ya tenía el post completo, se me ha ido la conexión, no se ha guardado entero y hace como un mes que comencé a escribirlo... así que no me acuerdo de todo lo que había escrito aquel día... en fin...]

Bueno, desde que leí el libro he querido escribir sobre él. No era esto lo que quería escribir, era algo mucho más personal... pero tendría que reerlo para poder capturar los momentos y las sensaciones y ahora mismo el único libro que tengo es Rayuela. Y no tienen mucho que ver, la verdad... quizás conmigo sí, pero no con vosotros.
Así que lo que me queda es deciros: busquen el libro y léanlo. También podéis leer otras cosas escritas por Guille Ortiz antes, por si no os fiais de mí (sería comprensible).
Para ponéroslo fácil:
El libro en Editorial Grupo Buho

El libro en Bubok (que por cierto, es una iniciativa bastante interesante... y tenéis el libro en pdf por dos euros... no tenéis excusa)

La web de Guille Ortiz. Si entráis aquí, echadle un vistazo al apartado "Pequeños objetivos".

Ala, a leer.

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29 Febrero 2008

Berlin Alexanderplatz (de Döblin)

Si antes de leerme el libro quería ver la serie que realizó Fassbinder guionizando la novela, ahora me parece imprescindible hacerlo. Más que nada porque he comprendido qué hizo que ese señor dijese "esto quiero hacerlo yo, pero con calma, recreándome en los detalles, quiero hacer una serie para televisión".

Personajes decadentes, prostitución, robos, venganzas pasionales y otras no tanto, pérdida de la fe en la redención humana (más o menos)... ni el mismo Fassbinder hubiera imaginado el crear ese universo, pero tuvo la excusa perfecta para hacerlo.

En cuanto al libro como libro... he leído que se parece muchísimo al Ulises de Joyce. La verdad es que no lo sé, porque el Ulises de Joyce no me lo leí entero, lo he empezado varias veces, pero nunca he pasado del primer capítulo. Quizás se parezca, sí, por aquello de coger a un personaje y seguirlo en su diario. Pero del estilo... bueno, mucha referencia a canciones y poemas de la época. Eso sí, si os da por comprarlo, yo me haría de alguna edición que no sea la de Cátedra... más que nada porque está plagada de notas al pie del traductor, muchas de las cuales se limitan a decir "aquí Döblin se confunde de fecha, en realidad eso pasó un mes antes"... ... ... sinceramente, no me importa, me importa que ha querido relacionarlo con la historia que está contando... a quién ese tipo de cosas no le importen (e incluso le gusten, hay gente para todo), pues sí, que se compre el de Cátedra, tampoco está tan mal (si quitamos lo de los pies de página... una vez le regalé a alguien la edición de Cátedra de Rayuela y me dio pena... había pies de página que ocupaban tres cuartas partes de la página! no me gusta que me estén explicando lo que leo... si no lo entiendo, pues ya me las apañaré para buscar la información... en fin).

Pues eso, que el libro no está mal. Vas pasando páginas y vas avanzando en la vida de Frank Biberkof y en algún momento no puedes evitar querer saber qué le pasará ahora y vuelves a coger el libro... Ahora sólo falta hacerse con la serie, en serio, lo estoy deseando.

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17 Febrero 2008

Justine (de Durrel)

En un universo completamente mantriforme, esa será una de mis entradas alfabéticas.

Siempre que leo un libro, empiezo por el final. No sé, una de las cosas que más me llama la atención es la palabra que cierra el libro. El punto final de la historia que van a contarme. No leo la resolución, tan sólo esa última palabra o, si es una palabra que sabe a poco, la última frase. La última frase de Justine dice (tranquilos, no se desvela absolutamente nada de la historia): "¿Acaso no depende todo de nuestra manera de interpretar el silencio?" Una vez que sabes que ese es el sabor de boca que Durrel quiere para sus lectores, comenzar es saber que vas a meterte en algo, cuanto menos, curioso.
He tardado más de dos meses en leerlo, lo cual es bastante para mí... tardé dos semanas en leer Los pilares de la tierra. Pero es que este libro requería intimidad y las horas de intimidad son escasas. Es un libro para paladear las palabras. Y lo más complejo de todo y lo que más tiempo me ha llevado es que es un libro en el que no estás solo tú y la historia, sino que está la historia, tú y la persona que te dejó el libro. Y esto es importante porque resulta casi imposible no proyectar y no pensar en lo que la otra persona proyectó... Porque estoy segura de que en algún momento se sintió un poco Justine. Y de alguna forma yo recorro las páginas como alguien pudo recorrer las de Arnauti o como se recorren las páginas del chico escritor. Porque las historias, cuando se cuentan bien, cuando las frases son universales y no sólo propiedad de unos personajes o, quién sabe, cuando esas frases de esos personajes sonarían igual de válidas salidas de otras bocas, cuando eso ocurre, te deslizas de palabra en palabra, saboreando su sonoridad y recreándote en sus interpretaciones. Porque son esas historias en las que reconoces gestos y compartes pensamientos las que realmente te llenan.
Vale, es cierto, hay libros que te encantan por cómo están escritos. Hay algunas cosas que te gustan por cómo están escritas, por cómo el autor ha jugado con las palabras... pero esos libros no dejan de ser metalenguaje. O una metapaja mental. Los que realmente dicen cosas son esos en los que hay algo que relacionas con lo que conoces. Y te llevan y te traen y juegan contigo, porque les dejas entrar en tu vida y ya no hablan de Justines, Horacios o alcohólicos anónimos, sino de un amigo, de ti, del primer amor... Y algunos, como este de Durrel, leídos con distancia, la distancia que da el tiempo (no me imagino leyendo ese libro hace tres años), te sorprenden por la profundidad y a la vez sencillez de su planteamiento y sus reflexiones. Una ciudad, un grupo de personas que se relacionan entre si... y el amor, desamor y pasiones en torno a ellos.
Ahora estoy deseando leer el resto del Cuarteto de Alejandría... ¿A qué esperáis? ¡Ya estáis buscándolo y leyéndolo!
Os dejo como final una frase dicha casi al principio del libro:
>> "Con una mujer sólo se pueden hacer tres cosas", dijo Clea en una ocasión: "Quererla, sufrir o hacer literatura"<<

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6 Noviembre 2007

Libros como Mantra

He decidido volver a leer Mantra, de Rodrigo Fresán.
Es un libro que conocí hace cuatro años. Desde entonces creo que lo he leído tres veces entero y a trozos en múltiples ocasiones. La última vez que lo abrí fue hace un año y pico. Será porque este tiempo he dedicado los momentos de lectura a Carver, principalmente.
La cosa es que hoy he mirado mi estantería y he dicho "venga, vamos a ello". Y he recordado porqué me gusta tanto ese libro. Os dejo con un capítulo, de los primeros.
[En cursiva y negrita lo que más me gusta de este trozo]

>> Somos inmortales durante nuestro principio. Somos invencibles. Lo sabemos todo porque no hay mucho que saber. Somos puro Capítulo Uno. Conocemos lo básico, lo que realmente importa, lo imprescindible: reglas simples para sobrevivir en la jungla de nuestros días breves pero intensos en los que intuimos a la perfección quiénes son nuestros amigos y nuestros enemigos. Entonces nuestras flamantes antenas captan sin dificultad el lenguaje secreto del universo. Con los años -con el ruído blanco del conocimiento de lo inútil, con la estática de la información innecesaria y el paulatino aproximarse de la muerte- nos vamos convirtiendo en personas cada vez más ignorantes y temerosas de puertas que mueve el viento o de teléfonos que suenan en la oscuridad del centro exacto de la noche. Así, a la hora incierta de recordar con tristeza nuestro vigoroso ayer, no somos más que astronautas corruptos de una luna inocente en cuya espalda alguna vez plantamos una bandera y desde la que todo nos parecía más grande y majestuoso, no porque, como se piensa, nosotros fuéramos más pequeños que las habitaciones que nos contenían, sino porque nuestra capacidad de asombro no era, todavía, el ejercicio de un músculo pequeño y difícil de ubicar sino un latido constante al que alcanzaba con cerrar los ojos para sentirlo adentro de nosotros, marcando el tiempo de los hombres y la velocidad de las cosas. Sí, nuestro pasado más remoto estaba tan próximo y era tan breve y preciso que se confundía con lo acontecido horas atrás mientras nos deslizábamos por un presente más largo que todo el futuro. Por eso es durante la infancia cuando más nos atrae el rugir de los motores de la ciencia-ficción: el antes es ínfimo; el ahora no es más que una sucesión de fotogramas; el después lo es todo y por eso no es extraño que, a medida que crecemos, el futuro nos interese cada vez menos y nos provoque menos interrogantes porque, sí, comenzamos a comprender que nunca llegaremos a ser parte de él.
Creo que me estoy repitiendo, que digo siempre lo mismo con palabras diferentes, que tengo poco tiempo para decir cosas diferentes y por eso elijo un tiempo -el tiempo en que tenía mucho tiempo- y un nombre: Martín Mantra. <<

Sólo una advertencia (y sugerencia) si a alguien le da por leerlo: es un libro esquizofrénicamente caleidoscopiforme. Lo cual es una de las cosas que hacen que me guste tanto tantísimo.

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24 Septiembre 2007

Libros

Es curiosa esa manía mía de comprar libros para luego no leerlos... Bueno, sí que los leo, pero se quedan meses, incluso años en la estantería... Después de tres, conseguí pasar del primer capítulo de El nombre de la rosa y me gustó, de hecho, me encantaban las conversaciones metafísico-teológicas... tardé tres años en leerlo de verdad y, una vez puesta, me lo tragué en cuatro días. Después pensé que quizás podría leer ahora Los pilares de la tierra, nunca me llamó especialmente la atención, pero me lo ha recomendado tanta gente que ya me picaba la curiosidad, aunque fuese por ver qué es lo que le veían de especial... y me enganchó, en tres días iba por la página trescientosy... Pero entonces cometí un error. Entré en una librería y acabé con tres libros nuevos, dos de ellos los que completan la Trilogía de Nueva York, de Paul Auster... Fantasmas me había gustado tanto que no he podido resistirme a dejar Los pilares apartado... Y hoy casi que no abandono también a Paul cuando me he parado delante de la estantería y me he puesto a mirar los libros "teóricos" que tengo y no he leído o no he leído más de algunas páginas que en su momento me hacían falta... y ahora... ahora me he propuesto leer literatura antes de coger cualquier libro teórico, porque llevo casi cuatro años que lo único que leo es teoría, Rayuela o Mantra... y llega un momento en que el cuerpo te pide diversificar un poco... Bueno, en el último año me he leído a Carver, todo todo. Y está ahí, en mi estantería, hablándome y diciéndome que quiere que adapte un relato (desde luego no soy Robert Altman, sólo quiero adaptar uno). Y, entonces, se me vienen a la cabeza todos las historias que cuando las leí quise adaptarlas y han cobrado tanto realismo en mi cabeza que me ha parecido estúpido no hacerlo... pero no lo he hecho... ahora tengo que marcarme una rutina, algún horario para trabajar en esas cosas, porque, como dice una de mis muchas primas, me hallo en estado de ociosidad. Y no está mal, pero estos últimos años me han estupidizado (increíble que cinco años estudiando una carrera provoquen esa reacción)... El caso es que ahora no pienso en nada, literalmente, puedo estar horas sin que pase por mi mente ningún pensamiento, pero cuando empiezo, es como una avalancha, aparecen desordenados, se tropiezan, se hacen sombra unos a otros... Y mientras, leo. Todo el rato. Devoro palabras de otros para encontrar detrás las mías... Y reflexiono mientras leo y se me ocurren formas para coger lo que estoy leyendo y usarlo en cosas que tengo empezadas...
Y los libros sin leer (McKee, por dios, eres uno de los que más me ha enseñado y apenas he llegado a la mitad del libro) me gritan y yo les doy la espalda y no puedo evitar seguir buscando libros de Ender (en cuanto lea los de Paul, vuelvo a leer El juego de Ender y me lanzo con el resto de la saga, que me gusta mucho).
Y los libros acabarán cobrando vida y matándome por la noche o algo, sólo espero que mis favoritos, los que he leído y releído mientras los demás cogían polvo, me defiendan (y que sean los suficientes para poder hacerlo).

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3 Febrero 2007

Curiosidades II

"En el estudio de las ideas, conviene recordar que la insistencia en una obstinada claridad tiene un origen sentimental; es algo así como una niebla que encubre las perplejidades de los hechos. La insistencia en la claridad a toda costa se basa en meras supersticiones sobre el funcionamiento de la inteligencia humana. Nuestra razón se toma de pajas como si fueran premisas, y flota sobre las telarañas de las deducciones".
A.N.Whitehead
PD: como filósofo en general no sé cómo estará, el rollo matemático aplicado a la filosofía a mí no me gusta demasiado, pero este fragmentito es brutal, sobre todo la primera frase...

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31 Agosto 2006

Reconciliaciones

Y pensar que todo esto comenzó con mi afición a los relatos de Carver y esa manía de enfadarme con la tienda cuando no tienen el libro que busco y necesito saciar el vacío que acaban de infligirle a mi tarde ociosa... Ja, y las poesías completas que estaban escondidas y yo tenía que encontrar a la joven dependienta que revolvía el almacén si era necesario para que no me fuese sin ellas, porque realmente me hacían falta...
He tardado dos meses en leer un libro de 120 páginas. No porque fuese demasiado denso, sino porque sólo podía disfrutarlo cuando me acostaba, acurrucada en mi almohada. Y, como siempre que empiezo a leer a las tres de la mañana, no duraba más de cinco páginas y siempre olvidaba en qué punto del párrafo había empezado a mezclar la historia con mis sueños. Lo bueno del sistema es que pasas varias veces por una frase y te sorprende pero de esa forma en que te sorprenden los viejos amigos que siempre se golpean contra el mismo muro [como tú misma te golpeas siempre contra el mismo muro], como si ya conocieras un poco cómo irán pasando los días, pero siempre de una forma diferente, recordando de la vez anterior pero sin tener muy claro qué era lo que recordabas... Y llegas al final del libro y sonríes porque hay tantas siluetas conocidas detrás de esos subterráneos...
Siempre me ha hecho gracia descubrir gestos de amigos y conocidos en los libros. Es como si esas personas ya hubieran existido de alguna forma. También es curioso cuando, no es que te veas reflejada en las palabras de otra, sino que en algunos momentos esas palabras, casi en el mismo orden, fueron tuyas, tan tuyas que tu madre lee un poema, te mira con seriedad y dice "si me das esto escrito en un folio con la pluma, no dudo ni por un momento que lo has escrito tú". Y sonríes porque recuerdas algunos folios escritos con tu pluma que decían cosas tan, pero asombrosamente tan parecidas... esos folios que tiraste o quemaste porque eran sentimientos que no querías que salieran de ti, que te asustaban por su fuerza... Y es una lástima, porque por aquel entonces apenas había oído hablar de Alejandra [habrá quien se lleve las manos a la cabeza y grite "cuánta pretenciosidad!"... pues quizás sí, pero no me importa demasiado], hubiera sido divertido leerlos ahora, cuando la paladeo despacio e intento reconciliarme con mi yo desterrada.

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